Galicia: tierra de magia y mitología

Cerca de empezar la segunda quincena de agosto, que supone, prácticamente, las últimas semanas de las vacaciones de verano, vamos a hablar de uno de los destinos de veraneo de nuestro país, que aunque no es el más común por su climatología, está lleno de bonitas playas para bañarse, casas rurales en las que descansar, montañas que escalar y bosques por los que andar: Galicia. Tierra boscosa y lluviosa, con un gran número de ríos y aldeas a lo largo de toda su escarpada geografía. Tierra de magia y mitología.

Durante siglos, cientos de mitos, historias y leyendas han corrido de boca en boca, de generación en generación, cuando el miembro más mayor de la familia se las contaba a los más jóvenes, alrededor de un fuego en las aldeas gallegas, haciéndolas pervivir así hasta nuestros días.

Hablar de mitología gallega, es hablar de Meigas o de la Santa Compaña, pero también es hablar de otros muchos seres, que a lo largo del tiempo, han servido de explicación a nuestros ancestros sobre todo lo que les rodeaba.

La comunidad gallega está, también, llena de restos de antiguas ciudades fortificadas, llamadas castros, y de túmulos megalíticos, que son montículos que servían como enterramiento en la Prehistoria, y que, según se cuenta, servían como morada de unos seres mitológicos conocidos como “Mouros”, un pueblo de criaturas sobrenaturales de naturaleza feérica, presentados como no bautizados y paganos y considerados como los primeros pobladores de Galicia, se pensaba que muchos de ellos aún pervivían bajo esos castros y túmulos, en grandes palacios y rodeados de grandes riquezas y joyas, provocando gran cantidad de excavaciones a lo largo de la historia para hacerse con esos tesoros. Descritos como gigantes de suntuoso vestir, se decía que eran antropófagos y que, invisibles, sólo se les veía en determinados momentos especiales, como al amanecer o al anochecer, y sobre todo, en la Noche de San Juan, la única noche del año en la que se les podía ver sin restricción alguna.

Como decíamos, a lo largo de la historia, se buscaron muchos tesoros bajo castros, túmulos y dólmenes, y uno de los más importantes de los que aparecieron, es el de Caldas de Reis, hoy en el Museo de Pontevedra, que se encontró en 1940 en el “deposito de As Silgaras”, que data de la edad de bronce y está formado por vasos, torques (collares rígidos y redondos, abiertos en la parte anterior), y hasta un peine de oro como los de las mouras.

Detalle de un petróglifo en Galicia. Fuente: curator.jpereira.net

Si los Mouros eran míticos, lo eran aún más, sus mujeres, las “Mouras”. Mujeres encantadas poseedoras de grandes riquezas también, y de una gran belleza de aspecto nórdico (rubias y de ojos azules), vestidas comúnmente con ropajes blancos y portadoras de algún objeto de valor como, por ejemplo, un peine de oro con el que peinaban sus cabellos. De ellas se decía, que se aparecían como grandes serpientes a las que había que desencantar, y se las relacionaba con los petróglifos, misteriosos dibujos grabados en piedra que aparecen en varios puntos de Galicia.

Una leyenda cuenta, que la Isla de A Creba en A Coruña, en el pasado, era habitada por todo tipo de seres mitológicos, entre ellos, mouros; pero un día, los cristianos conquistaron la isla y la hija del rey mouro fue la única que sobrevivió. Entonces, invocó a sus antiguos dioses, matando así a los cristianos y transformándose a si misma en una serpiente tan grande, que fue capaz de rodear toda la isla con sus anillos, y en venganza se dedicó a provocar naufragios a cualquier barco o lancha de cristianos que pasara por allí.

Algunos de los fenómenos a los que nuestros ancestros trataron de dar explicación activamente, fueron los cambios metereológicos. Difíciles de entender e interpretar, se pensaba que tras ellos había un mago demoniaco conocido como “Nubeiro”, personaje de aspecto fuerte, desaliñado y andrajoso, vestido con pieles negras y chamuscado por los rayos que hacía caer a la Tierra; se pensaba que guardaba las nubes de granizo en cuevas de alta montaña a las que iba cuando quería desatar un temporal.

pedra da serpe

Mounumento a Pedra da Serpe en Corme, Gondomil. Fuente: turgalicia.es

Otros seres mitológicos gallegos, eran las “Serpes”, serpientes gigantes voladoras que se encargaban de vigilar los tesoros y protagonistas de historias aterradoras. Una de las más famosas, es la que gira en torno a la Pedra da Serpe, un monumento de Corme, Gondomil. Se trata de una cruz alzada sobre una serpiente alada donde, según la tradición, San Adriano, encerró a miles de serpes en el pasado, librando a la zona de una plaga de ellas, Cuenta la historia, que las obligó a meterse debajo de una losa, pero la mayor de todas trató de escapar y San Andrés, milagrosamente, la petrificó. Entonces, la gente hizo una cruz encima para asentar más el cristianismo sobre el paganismo.

Muchas de estas leyendas se daban en los bosques, donde también habitaban gran cantidad de peligrosos personajes, uno de los más temidos, el “Olláparo” una especie de gigante antropomorfo con un único ojo en medio de la frente, que se alimentaba de carne humana. Otros, eran los “Sacios”, seres también antropófagos (que comen carne humana), mitad hombres mitad anfibios, que vivían en los ríos y, a veces, se aparecían en los caminos para seducir a las muchachas cuando volvían de las fiestas.

Si en bosques, ríos, montañas y caminos había distintos seres, el mar no es la excepción, y en torno a las aguas bravas que bañan los cerca de 1.500 km. de costa gallega, existían todo tipo de relatos fantásticos. Relatos, como el de la “Coca de Redondela”, un dragón marino que aterrorizó a las gentes de la costa en el pasado, o el del “Home Marín”, un ser parecido a los Tritones de la mitología clásica, que destrozaba embarcaciones. Pero el ser marino mitológico por excelencia, son las “Sirenas” o “Mulleres Mariñas”, personajes mitad mujer mitad pez, cuyos cánticos eran célebres entre los marineros. Se decía que ellas provocaban las tormentas, rompían las redes de los marineros o provocaban que éstos se ahogaran; y todo lo contrario, que con su canto avisaban de que iba a haber una tormenta, o mala pesca o que salvaban a los marineros que se caían del barco.

La Sirena de Sálvora en la Isla de Sálvora. Fuente: conocergalicia.com

Una de las historias más famosas sobre ellas, es la de los “Mariños de Lobeira”. Según la leyenda, hace siglos, un hombre pescó en la isla de Sálvora una sirena, se enamoró de ella, la cuidó hasta que se le cayeron todas las escamas, y se unió con ella teniendo varios hijos que fueron apodados “Mariños de Lobeira” por ser mestizos de mujer de mar y hombre de tierra. En muchos lugares de Galicia, todavía hoy, se cuenta que las personas que se apellidan “Mariño” son descendientes de esta curiosa pareja.

El interior de los hogares gallegos, tampoco se libraba de los seres mitológicos. Los más conocidos eran el tardo y el trasno. El “Tardo” era un duende siniestro, peludo y vestido de verde, que se subía sobre las personas mientras dormían profundamente, provocándoles pesadillas; y el “Trasno”, era un enano con un agujero en la mano, que gastaba bromas pesadas a los habitantes de la casa, alteraciones de la vida cotidiana como, por ejemplo, mover objetos, hacer ruidos, tirar platos…. pero la cosa no acababa ahí, porque si la familia, cansada de estos sucesos extraños, se mudaba de casa, el Trasno iba tras ellos. Al menos, existía una forma de librarse de estos seres tan molestos, que consistía en esparcir por el suelo o en un plato un buen puñado de lentejas, habas, granos de maíz o algo semejante, y como el Trasno no sabía contar más de cien, cuando llegaba a esta cifra tenía que empezar de nuevo, y así se le mantenía ocupado para que no siguiera haciendo de las suyas.

Imagen de la Santa Compaña, en la que se ve al vivo portando la cruz, seguido de las ánimas con las velas. Fuente: ovisio.blogaliza.org

Como hemos visto, muchos seres habitaban todo tipo de espacios, pero por encima de todos ellos, los que más fascinación producían desde siempre, eran los relacionados con la muerte. Todavía hoy, está muy extendida la leyenda de “la Santa Compaña”, una procesión de muertos o ánimas en pena, vestidos con túnicas blancas con capucha, que recorrían los caminos gallegos a partir de las doce de la noche, y cuya misión era anunciar la muerte a algún vivo. Cuenta, por tanto, la leyenda, que quién la veía, al cabo de un año moría. La Santa Compaña iba siempre encabezada por un vivo que debía conducir a esta comitiva noche tras noche, sin que nadie lo supiese, portando una cruz y seguido por las ánimas en dos hileras portando velas encendidas, hasta que conseguía que alguien ocupase su lugar. Normalmente invisible, sólo una serie de indicios indicaban su proximidad, como el olor a cera de las velas, o la alteración de algunos animales como perros, gatos, caballos…

Según la creencia, existían formas de protegerse de la Santa Compaña como, por ejemplo, al encontrársela, trazar un círculo y meterse dentro.

Otra historia muy extendida es la que rodea a San Andrés de Teixido, una ermita de peregrinación, de la que se decía: “A San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo” (“A San Andres de Teixido va de muerto el que no fue de vivo” ). Es decir, que los que no van en vida lo tendrán que hacer tras la muerte en forma de serpiente o de lagartija y, por ello, los peregrinos que se aproximan a la ermita, tienen mucho cuidado en no pisar a ninguno de estos animales.

Ermita de San Andrés de Teixido, dónde va de muerto quién no va de vivo. Fuente: turismoenxebre.com

Otra creencia muy arraiga hace años, era la de los “Vedoiros”, personas capaces de ver a los difuntos, a la Santa Compaña o cuando alguien iba a morir antes de que lo hiciera. Se creía que esta capacidad la adquirían los que al ser bautizados, en vez de serlo con el oleo del bautizo, lo eran con el oleo de la extremaunción; por lo que al ponerles ese oleo de los difuntos, el niño quedaba, en cierta manera, integrado en el más allá.

También misterioso, era el “LIbro de San Cipriano”, popularmente conocido como “Ciprianillo”, se trataba de un grimorio de magia negra, atribuido a San Cipriano de Antioquia, el santo mago por excelencia, que contenía todo tipo de conjuros y fórmulas para conseguir riquezas y poder, causar males e incluso, pactar con el diablo.

Este libro llegó a desatar una verdadera locura en Galicia y otros puntos de la Península Ibérica, ya que fueron muchos los que se arruinaron por tratar de hacerse con un ejemplar. En sus páginas se explicaban, entre otras cosas, como conseguir los llamados “diablillos”, pequeños seres mitológicos que otorgaban todo tipo de riquezas, y que podían tener dos aspectos: el de un limaco (una babosa negra), o el un lagarto pequeño y negro también. Éstos, podían abrir cerraduras, robar en las casas, y hacer toda clase de maldades en beneficio de la persona que los había conjurado. Podían, incluso, conseguir a la mujer más hermosa del pueblo para la persona para la que trabajaban.

libro de san cipriano

Libro de San Cipriano, el libro de magia más codiciado en la antigüedad.

A parte de todos los seres e historias que hemos visto, hay muchos más, pero el ser mitológico gallego por excelencia, son las “Meigas”. ¿Quién no ha oído hablar de las meigas o la famosa frase gallega “Eu non creo nas Meigas, mais habelas hainas” (“Yo no creo en las brujas, pero haberlas, las hay.”)? Pues bien, la palabra meiga viene del latín magicus y significa maga. Se trataban de mujeres con conocimientos de magia y artes ocultas, que tenían la capacidad de hacer hechizos, echar males de ojo y la adivinación. Las Meigas se diferenciaban de las Bruxas, en que éstas últimas, actuaban siempre con maldad, pudiendo tratar y pactar con los Diaños, y cumplían con el arquetipo clásico de la bruja vestida de negro, con sombrero cónico y escoba; mientras que las Meigas eran mujeres de aldea con cierta edad. Entre las Meigas, unas se dedicaban a curar con remedios naturales, mientras que otras se dedicaban a causar el mal más absoluto. Existía todo un repertorio de ellas, cada una con poderes y capacidades distintas: las meigas chuchonas o chupadoras, que eran las más peligrosas ya que con distintas caras o como vampiros o insectos, chupaban la sangre a los niños y les robaban la grasa corporal para elaborar ungüentos y pociones; las asumcordas o brujas callejeras, que espiaban a la gente y vigilaban quién entraba y salía de las casas; las marimantas, las meigas del saco que robaban niños y los hacían desaparecer; las feiticeiras (hechiceras), que vivían cerca de los ríos y riachuelos, y aunque eran ancianas, tenían una voz muy hermosa que hipnotizaba a los chavales y a los niños que se acercaban al río haciendo que se metiesen el él y se ahogaran; las lavandeiras,  que sorprendían al caminante que pasaba por un lavadero, invitándole a que las ayudaras a escurrir las prendas que lavaban, teñidas de sangre, a consecuencia de un mal parto. La persona debía tener cuidado de torcer la ropa en el mismo sentido que ellas, porque de lo contrario, la desgracia caía sobre su casa; las lobismulleres (mujeres loba), que nacían en Nochebuena o Viernes Santo, o bien eran la séptima o novena de una familia donde todas las hijas eran mujeres; las vedoiras, que  esbeltas y agradables en el trato, poseían facultades adivinatorias y eran expertas en contactar con el más allá; las voladoiras que volaban y hacían piruetas acrobáticas en el cielo; las cartuxeiras, meigas echadoras de cartas, que siempre acertaban en sus vaticinios; las agoreiras, meigas que envejecían prematuramente, pero vivían muchísimos años; y por último, las Damas de castro, meigas que vivían bajo castros milenarios o bajo tierra en un castillo de cristal,  llevaban siempre un largo vestido blanco de cola y atendían a solicitudes de la gente. Se le aparecían a personas afligidas por alguna situación difícil de su vida y les otorgaban sus favores.

Conjuro de queimada en gallego. Fuente: online-spanisch.com

 

Para defenderse y protegerse de todas de las que era necesario, existían una serie de trucos como llevar en el cuello un collar de ramas de muérdago, ajo o conchas; clavar sobre las puertas de las casas, murciélagos, espolones de gallo, colas de lobo o herraduras de caballo; tener en casa tierra bendita de los cementerios, sal, tijeras abiertas a los pies de la cama, orina de caballo o cuerdas de ahorcados; buscar garras de fiera, patas de ave de presa o piedras agujereadas; y poseer en forma de varitas, colgantes o pectorales, trozos de azabache, ámbar y distintas piedras capaces de rechazar los venenos y encantamientos. Existía además, un conjuro que se hacía la noche de San Juan alrededor de una queimada. El famoso “conxuro da queimada” que todavía hoy se sigue practicando y que consiste en una bebida alcohólica (aguardiente y azúcar con corteza de limón o naranja, aunque según la zona se le añaden otros ingredientes) de la tradición gallega, a la que se le atribuyen facultades curativas y de la que se afirma que, tomada tras la pronunciación del conjuro, funciona como protección contra maleficios, espíritus, meigas y demás seres malvados.

Hoy en día, con la modernización y la globalización, poca gente o ninguna, cree en todas estas historias, lo que esta borrando casi toda huella de estos seres, haciéndolos desaparecer poco a poco; a la par que, tristemente, se pierde gran parte de la tradición y el folklore del norte de nuestra península, y con ello, una buena parte de nuestra historia, que puede que dentro de pocos años ya no sea recordada por nadie y, por lo tanto, se pierda para siempre.

2 Comments

on “Galicia: tierra de magia y mitología
2 Comments on “Galicia: tierra de magia y mitología
  1. Qué gran tierra es Galicia. Si algo nos conecta con la imagen verdosa y arbolada de los pueblecitos de cuento embrujados de Europa, esa es Galicia. Creo que en ningún otro sitio de España se encuentran mitos y leyendas equiparables a las narradas en este artículo, y eso es lo que la hace especial. Perderse por sus aldeas pueblos y bosques debe ser un viaje inolvidable.

  2. Buen enfoque de Galicia. Espero que nos sigas deleitando con estas historias tan apasionantes y que muchas me dejaron perplejas pues no las conocía. Te animo a seguir investigando y sumergiendote en esa terra meiga,en la cual el clima forma parte de su cultura y encanto de los paisajes existentes en ella.

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